Prince resucita por partida triple


El músico se hace visible con dos discos, uno con su nombre y otro con un trío femenino. Tras reconciliarse con Warner, prepara la reedición de Purple Rain.


Noticia Radio Panamá | Prince resucita por partida triple

| septiembre 30, 2014


Grandes movimientos sísmicos en el Planeta Prince. Y conviene contarlo paso a paso, para que nadie se lie. El pasado año, Prince tocó en teatros con su trío femenino de rock duro, 3rdeyegirl. El primer resultado discográfico es Plectrumelectrum, inicialmente comercializado por canciones sueltas, a la venta en Internet.

Respecto a los conciertos con las chicas, se anunciaban con escasa antelación. Una táctica guerrillera que no siempre funcionó: convocó por Twitter un show en la Manchester Academy el pasado 21 de febrero…que fue suspendido cuando se comprobó que sólo 100 personas acudieron, dispuestas a pagar 70 libras esterlinas (90 euros). A Prince le gusta hacer apariciones entre sus seguidores, como las famosas citas nocturnas –a 30 dólares (24 euros) por cabeza- en su complejo de Paisley Park, en Minneapolis, que pueden convertirse en concierto…o terminar sin nada que reseñar.

Silenciosamente, también tomó una decisión importante: volver a tratar con las detestadas multinacionales. Publicó Fallinlove2nite, un dueto pegajoso hecho con Zooey Deschanel, la actriz twee que también canta en She & Him. Lo editó Epic Records, una subsidiaria de Sony. El imperio japonés, sin embargo, tenía experiencias negativas con Prince: en 2007, contrató la distribución mundial del álbum Planet Earth…sin saber que el cantante había pactado simultáneamente regalarlo con el The Mail on Sunday británico. Causó consternación en la discográfica, aunque la jugada fue perfecta para Prince: ayudó a vender las 420.000 entradas de sus 21 conciertos en el O2 Arena londinense. En 2010, repetiría la jugada a escala europea, con 20Ten.

Desde hace veinte años, Prince mantiene su organización con los beneficios de los directos. Sus lanzamientos discográficos han sido erráticos: parecían no responder a ningún plan coherente. Probaba brevemente con compañías grandes, que pretendían echarle el anzuelo para un contrato de larga duración, o editaba discos por su cuenta. Durante una temporada, creyó que Internet le permitiría llegar directamente al consumidor pero ese canal se frustró debido a deficiencias técnicas y precios altos.

En los últimos tiempos, se manifestó desencantado con la Red. Lo que no significa que desaproveche su potencial promocional pero se resiste a perder el control sobre su obra: tiene a un equipo de sabuesos rastreando la red global, para eliminar vídeos y canciones subidos sin su permiso. Para evitar las tentaciones, instauró una rígida prohibición de móviles y tabletas en sus conciertos. E incluso se querelló contra las páginas web de algunos fans apasionados, una acción potencialmente tan contraproducente que terminó con un paso atrás de sus abogados.

El pasado abril, dejó boquiabierto al mundo musical con su última pirueta. Lo tenía bien guardado: ni siquiera lo sugirió en su última de sus raras entrevistas, con la revista Mojo, publicada dos meses antes. Hacía las paces con Warner Music, la misma empresa que, según él, le había tratado como “un esclavo”. De rebote, recordarán, aquel disparatado intento de cambiar su nombre por un signo, que obligó a rebautizarle como “el artista anteriormente conocido como Prince”, el inicio del enfriamiento del gran público, que empezó a sospechar que estaba tan seriamente tocado como Michael Jackson.

Portada del CD 'Art Official Age'.

Sin embargo, dure lo que dure la luna de miel, reconciliarse con Warner tiene todo el sentido del mundo. Supuestamente, el pacto incluye la transferencia de la propiedad de losmasters de los discos clásicos a su creador. A diferencia de otros veteranos, Prince nunca ha movido su catálogo histórico, una opción profesional que –dejando aparte los obvios beneficios económicos- permite elevar el estatus de una figura y multiplicar su público con el acercamiento a generaciones que no vivieron su momento álgido.

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