La Poderosa Juventus de Turín: ¡Campeón nuevamente en Italia!


La «armada» del Juventus Turín, uno de los conjuntos más prácticos de los últimos años, fiel reflejo de su técnico, el «deseado» Fabio Capello, ha conquistado su teórico vigésimo noveno título de su brillante historia, el segundo consecutivo, pero que viene a estar empañado por el escándalo en que estos días se ven envueltos sus directivos.


La Poderosa Juventus de Turín: ¡Campeón nuevamente en Italia!

| mayo 15, 2006


La «armada» del Juventus Turín, uno de los conjuntos más prácticos de los últimos años, fiel reflejo de su técnico, el «deseado» Fabio Capello, ha conquistado su teórico vigésimo noveno título de su brillante historia, el segundo consecutivo, pero que viene a estar empañado por el escándalo en que estos días se ven envueltos sus directivos.


Se trata, quizás, del «scudetto» menos celebrado de la historia más que centenaria de uno de los clubes más potentes, seguidos y halagados de la historia del fútbol mundial.


Y es que el escándalo surgido tras las interceptaciones telefónicas realizadas, en la campaña 2004-05, por distintas Fiscalías italianas ve como investigados, entre otros, a Antonio Giraudo y Luciano Moggi, administrador delegado y director general, respectivamente, del Juventus. Ambos bajo la acusación de un presunto fraude deportivo y un hipotético secuestro de persona (presuntamente encerraron en el vestuario a un árbitro tras un partido perdido en 2004).


Un escándalo que ha puesto patas arriba al sistema fútbol italiano, que ve otros ilustres investigados en el dimitido presidente de la Federación Italiana Franco Carraro, a los anteriores designadores arbitrales, a colegiados, a nueve clubes, a sociedades de representación e incluso periodistas. Todos ellos, por presuntos arreglos de partidos.


Con ello, incluso, peligra el campeonato 2004-05 obtenido por el Juventus y ya hay quien apunta que el club turinés podría, además, ser descendido administrativamente de categoría. Algo nunca vivido en esta entidad deportiva, santo y seña de Turín y del imperio FIAT.


Pero, al margen de ello, de otros posibles o presuntos arreglos arbitrales en la campaña liguera concluida, sobre el terreno de juego se ha visto a un Juventus arrollador en la primera parte del campeonato (una sola derrota y récord de puntos) pero que ha terminado con la lengua fuera, hasta el punto de casi ser alcanzado por un Milán que, a ocho jornadas de la conclusión, estaba a diez puntos de su rival. Dejó ahí de creer en la remontada y lo pagó al final.


La primera vuelta del Juventus fue demoledora, el equipo de Capello metía miedo a propios y extraños. El técnico supo añadir esta temporada, a la ya sabida «armada compacta» que todo equipo suyo tiene, una calidad y un concepto del gol que antes se echaba en falta.


Gran culpa de ello lo ha tenido la llegada del centrocampista francés Patrick Vieira y el crecimiento enorme del sueco Zlatan Ibrahimovic, uno de los artistas de la «nueva era».


Vieira era entonces el gran dominador del medio campo y el complemento ideal del brasileño Emerson ya que le permite a este liberarse de misiones de creación y dedicarse más a la de «filtro» en las que es un gran maestro. Ambos, además, se veían acompañados en las bandas por el italo-argentino Mauro Germán Camoranesi y el checo Pavel Nedved, integrando un cuarteto temible.


Ibrahimovic siguió mostrándose «ciego» ante el gol, pero sus toques, sus jugadas, sus asistencias son mortales para el rival. El gran beneficiado de ello volvió a ser el francés David Trezeguet, que metía lo suyo y lo que le correspondería a Ibrahimovic.


Y en la recámara de ambos estaba un Alessandro Del Piero deseoso de ir al Mundial y que cuando salí marcaba y daba goles importantes de puntos a su equipo. «Pinturicchio» batió esta campaña el récord de máximo goleador juventino de la historia (en poder de Boniperti, con 182 tantos).


Además, a la espera de su oportunidad estaba el recuperado para el fútbol rumano Adrián Mutu.


El equipo, además, evidenciaba su ya consabida fortaleza defensiva de los equipos de Capello, pese a no contar hasta entonces con el lesionado meta Gianluigi Buffon, sustituido por el prestado milanista Christian Abbiati, y encontró a Chiellini (Zebina lesionado) como la justa pieza en el lateral izquierdo que le permitía desplazar al Zambrotta al derecho y, así, cuadrar un gran círculo defensivo.


Pero lo que más sorprendía de la primera parte de campeonato del Juventus es que saltaba al campo con unas inusitadas ganas de gol, sabedor de la gran calidad y poder que atesoraba y, sobre todo, con ganas de divertirse. Unía al sentido práctico dosis de espectacularidad.


Buena prueba de ello fueron los siguientes datos: 14 triunfos en las 15 jornadas ligueras italianas (sólo había caído en casa del Milán) y 5 victorias en las 6 de Liga de Campeones (cayó en su visita al Bayern de Munich).


Todas estas virtudes empezaron a venirse abajo en el último tercio del campeonato, cuando el equipo sufrió los golpes de la eliminación de la Liga de Campeones (cuartos de final ante el Arsenal), competición que era el objetivo prioritario del club, y un alarmante bajón en su estado físico.


Capello, pese a un amplio plantel, había agotado a sus jugadores principales, les había concedido poco descanso (pese a que él lo niega), y el equipo cayó en picado.


Para su fortuna, el Juventus ya había adquirido una notable ventaja sobre el Milán, su principal oponente, y sobre un Inter que seguía defraudando y dijo adiós al campeonato mucho antes.


El Milán no creyó capaz la remontada, se centró en la Liga de Campeones, y, por ejemplo, perdió partidos (como en Empoli, donde alineó suplentes) que de haberlos ganados ahora le podrían haber dado el título.


El gran beneficiado fue el Juventus, que vio decrecer su ventaja de diez a tres puntos, jugándose el «scudetto» en la última jornada cuando parecía haberlo matado en su favor mucho antes.


Además, en esta última semana, se amplio el eco del «escándalo de las escuchas», la dimisión en pleno del consejo de administración del Juventus (en sus cargos hasta el 29 de junio), el adiós a su famosa «triada» (Giraudo-Moggi-Roberto Bettega), y, quizás, de Capello, muy unido al primero de ellos.


Un «scudetto» casi en nada celebrado por unos hinchas juventinos furibundos por ver los, presuntamente fraudes deportivos, realizados por sus directivos y que, sobre todo, temen el descenso del equipo.