Caos económico en la tierra sin agua


El derrame de 40.000 metros cúbicos de residuos tóxicos en el río Sonora, al norte de México, atenaza los mercados locales.


Noticia Radio Panamá | Caos económico en la tierra sin agua

| septiembre 7, 2014


Traiga usted al diablo a Sonora, va a ver qué a gusto se queda”, dice Lucy detrás de unas gigantescas gafas de sol. Desde hace 26 días se sienta durante diez horas al día bajo una carpa en el centro del municipio de Ures para administrar un oasis compuesto por decenas de garrafas de agua color azul eléctrico. Aquí el sol castiga a quien sale de casa con 38 grados centígrados antes del medio día. En este infierno terrenal no hay agua desde que el pasado 6 de agosto la mina Buenavista del Cobre derramara 40.000 metros cúbicos de residuos tóxicos en el río Sonora y su afluente, el Bacanuchi, obligando al cierre de pozos de agua potable en lo que es hasta la fecha el peor accidente de la industria en el país. El agua envenenada no solo ha causado daños ecológicos, sino que ha emponzoñado la economía local afectando a 23.000 personas de 43 comunidades de esta zona semidesértica al norte de México.

El operador de la mina, Grupo México, una de las empresas más importantes del país (reportó 1.716 millones de dólares de ganancias netas en 2013), ha contratado camiones cisterna e instalado puntos como el que atiende Lucy en siete municipios. En cada uno de ellos se regala diariamente agua purificada a un millar de personas que se acercan a pedir botellas o a llenar recipientes. “Sabemos desde cuando estamos, pero no hasta cuándo vamos a estar”, dice la encargada.

La incertidumbre comienza a carcomer a los habitantes de la zona. En los poblados de la ribera del río Sonora no hay miseria a la vista, pero tampoco bonanza. Son familias que se emplean como ganaderos, agricultores o pequeños productores. Uno de ellos, Marco Moreno, teme lo desconocido. El empresario autodidacta no sabía, hasta ahora, lo que era una crisis. Hace 17 años comenzó a fabricar jamoncillos, dulces de leche típicos de la región, con la receta de su suegra. Empezó vendiéndolos en la calle. Ahora da trabajo a 12 personas y exporta a ciudades de Estados Unidos con población latina.

El agua envenenada ha emponzoñado la economía local afectando a 23.000 personas de 43 comunidades

Hace unos días uno de sus vendedores en el Estado le regresó el producto casi intacto. “No lo quieren porque mi etiqueta dice que viene de la zona del río Sonora”, admite. Decenas de notas en periódicos y en informativos han equiparado con veneno a cualquier cosa que provenga de esta región. Desde hace un mes sus ventas han caído un 30% y ha despedido, de forma temporal, a ocho de sus empleados. Su fábrica, repleta de un olor dulzón que desprenden gigantescos cazos de caramelo cocinados a fuego lento, también ha dejado de producir dos días por semana. “Nunca había parado por falta de venta”, dice con resignación.

Toda la cadena productiva se ha afectado. A unos kilómetros de Ures, en Banámichi, los lecheros han tenido que arrojar al desagüe 24.000 litros de leche porque nadie la compra a pesar de que han gastado 500 dólares en analíticas para comprobar que su producto no está contaminado. Los queseros comienzan a apilar sus productos. La familia Fimbres tiene unos 4.000 en los ocho refrigeradores de su casa. “Nuestro nombre está por los suelos ¿Dónde quedó la reputación de todos los viejos que se partieron la madre por esta tierra?”, dice el lechero Cosme Jacinto mientras cierra los puños con fuerza.

Los poblados que forman la ruta del río Sonora fueron fundados por misioneros franciscanos y jesuitas en el siglo XVII. Los cronistas aseguran que desde 1650 la minería ya era importante en la zona. En la década de los ochenta del siglo pasado, cuando la mina era operada por el Estado mexicano, hubo al menos tres derrames tóxicos en el río. La situación del pasado agosto es más grave. El vertido de sulfato de cobre acidulado dio un tono ferroso a las escasas aguas de un río que solo tiene crecida una vez al año. El temor de los pobladores es que el débil caudal permita que los residuos tóxicos queden en los sedimentos, y que posteriormente estos contaminen los mantos. Los alcaldes de la zona han acusado a Grupo México de realizar una limpieza “cosmética” que no se ha realizado con apremio.

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