Barcelona gana en Milán y tiene un pie en Saint Dennis


El Barcelona se impuso al Milán en el majestuoso San Siro, gracias a un gol del francés Ludovic Giuly y al repertorio de su gran estrella, Ronaldinho, encargado de sacar brillo a un partido llamado a ser un duelo farragoso y táctico y resuelto en una bella acción del brasileño culminada por el francés de la mejor manera


Barcelona gana en Milán y tiene un pie en Saint Dennis

| abril 18, 2006

El Barcelona se impuso al Milán en el majestuoso San Siro, gracias a un gol del francés Ludovic Giuly y al repertorio de su gran estrella, Ronaldinho, encargado de sacar brillo a un partido llamado a ser un duelo farragoso y táctico y resuelto en una bella acción del brasileño culminada por el francés de la mejor manera.


Se esperaba al mejor Ronaldinho en Milán, y el Balón de Oro respondió a la exigencia del rival, del estadio y de la competición con una actuación decisiva. Supo escapar del tono general del choque entre dos equipos con demasiado respeto para lanzar al Barcelona hacia la final de París, doce años después de su última final, precisamente ante el Milán en Atenas (4-0).


Más allá de su figura, el Barcelona se trabajó un triunfo de prestigio (el Milán no caía en San Siro en competición europea desde el 9 de diciembre de 2003 frente al Celta) firmando un partido muy serio y emitiendo señales de equipo maduro. Mantuvo el tipo cuando el conjunto italiano apretó, manejó el balón con criterio y supo imprimir velocidad al juego cuando el choque lo pidió para cerrarlo con toda la calma del mundo, jugando con la pelota para desesperación del conjunto de Carlo Ancelotti.


De la importancia de la victoria azulgrana habla el potencial del conjunto italiano, un equipo práctico por naturaleza que apenas necesitó diez minutos para poner en apuros a Víctor Valdés. Hasta ese momento, se había limitado a resguardarse, invitando incluso al Barcelona a mover la pelota de una lado a otro, siempre en horizontal y con cierta comodidad, pero en un saque de banda inofensivo, el balón llegó a pies de Alberto Gilardino y acabó estrellándose en el palo derecho del Barca.


Sin tiempo para recuperarse del susto, Valdés se vio frente a frente con el ucraniano Andrey Shevchenko, que remató de primeras una pelota templada por el holandés Clarence Seedorf al área barcelonista a las manos del portero.


Falto de referentes, el Barcelona acudió a Ronaldinho. Nadie como el brasileño para tener la pelota y amedrentar al rival. El holandés Jaap Stam no le dejó respirar, Gennaro Gattuso se pegó a él y Alessandro Nesta basculaba una y otra vez para frenarle, y entre los tres asfixiaban su creatividad. Caído como siempre a la banda izquierda, no encontraba su sitio el ’10’ azulgrana.


Entre un Barcelona temeroso, incapaz de hacerse con el mando del partido, sobresalió el toque sutil de Iniesta. Al pequeño jugador barcelonista le costó enchufarse, pero cuando lo hizo, desplegó un fútbol suave ante los mordiscos de Gattuso y la presión de Seedorf. Movió el balón con sutileza, se hizo valer y se atrevió incluso a robar balones decisivos en un escenario de primer nivel que descubrió a un futbolista tan pequeño como elegante.


Fue el propio Iniesta quien sirvió a la media hora de juego un balón entre Nesta y el georgiano Khakha Kaladze para la carrera de Giuly, pero al francés le falló el sprint cuando enfilaba hacia un mano a mano con el brasileño Dida y el meta milanista atrapó el balón.


De Giuly no hubo más noticias hasta la segunda parte, cuando apareció para sentenciar, pero cuando el Barca se dio cuenta de que la defensa del Milán también presenta vías de agua, empezó a sacudirse el dominio del encuentro.


Despertaba el Barca y aparecía Ronaldinho. Abandonó el callejón sin salida del carril izquierdo y se movió por todo el campo en busca de la pelota, desordenando de arriba a abajo la pizarra de su entrenador, pero oxigenando a su equipo y abriendo espacios.


Bajó diez metros a recibir, se fue al costado derecho y apareció por donde menos se le esperaba. Habilitó a sus compañeros en un par de llegadas de mérito, trianguló con Eto’o en la frontal, pero el gol se hacía de rogar.


El Milán encendió la reanudación con su llegada más peligrosa, un balón colgado al área sin mucho sentido por Shevchenko, pero recogido brillantemente por Kaká y enviado a la frontal del área pequeña para Gilardino, cuyo remate, muy forzado, se esfumó rozando la escuadra de Valdés.


De los delanteros del Milán apenas se supo nada más, salvo una error de Massimo Ambrosini cuando tenía todo a su favor para batir a Valdés, pero sí de Ronaldinho. El brasileño convirtió un balón que no parecía nada del otro mundo en una extraordinaria asistencia de gol con una rosca imposible hacia Giuly. Desde el vértice derecho del área chica de Dida, el francés fusiló al portero con un zurdazo seco que deja al Barca a las puertas de la final de París.


Animado por su ventaja, el Barcelona se soltó. Dominó el partido a su antojo y llegó incluso a disfrutar de un par de ocasiones más, en botas de Ronaldinho, que envió un balón al palo en el minuto 65 tras una carrera de 45 metros.


Ancelotti quemó sus últimos cartuchos con la entrada de una leyenda viva, Paolo Maldini, un lateral con espíritu de extremo, Cafú, y un gris jugador de entre líneas, Ambrosini, pero el Barcelona se resistió a dejar escapar una victoria que adornó a lo grande, templando el partido ante un rival desesperado y mecido por los olés del público azulgrana desplazado a San Siro.